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Acrílico sobre lienzo, es una pintura de hongos, que a simple vista parece que es una fantasía infantil, pero cuando nos fijamos en los globos oculares aparecen unas criaturas mutantes. Los hilitos que hay debajo de las setas en este caso resultan ser las puntas de unos colmillos. Se utilizan colores psicodélicos y figuras distorsionadas.
En el centro de la pintura podemos encontrar un monstruoso hongo cubierto de una variedad de globos oculares y colmillos, en el fondo una banda horizontal de pequeños hongos. Se podría decir que la composición está inspirada en el compendio de hortalizas e insectos del artista Jakuchu (1761), que sobre todo se centra en los hongos, tema muy usado en Japón por sus cualidades gastronómicas, su diversidad y longevidad.
Pero también se puede relacionar el hongo con el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial, como un recordatorio de las nubes producidas por bombas nucleares que tenían una forma parecida.
Por estas dos razones el hongo ocupa una parte importante en varias de las obras de Murakami, ya que invoca el estado alegre de las drogas, pero al mismo tiempo la sensación de horror al vivir una guerra, también una crítica a la cultura japonesa que valoran tanto la inocencia y la ternura, consiguiéndolo plasmar en su obra con colores brillantes y formas caricaturescas.

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